martes, 24 de noviembre de 2009

... ÁNGEL OLGOSO (Noviembre 2009)




Su recorrido literario es el de un “caracol invisible” y aún así es considerado como uno de los más prestigiosos escritores de relato breve. Una de las modalidades más exigentes tanto para aquel que se sumerge en las palabras como para el que las elige con precisión y acierto. Ángel Olgoso acaba de publicar un nuevo libro de relatos bajo el título “La máquina de languidecer” Ed. Páginas de Espuma. Hemos podido charlar con él de su carrera, de los escritores que más le han influido, de su particular forma de crear, de los relatos que conforman su proyecto más reciente, de aquellos que serán, en un futuro no muy lejano…


Pregunta: Comienza a escribir relatos cortos en 1978. Si se afirma que hoy en día este estilo, esta modalidad es novedosa… ¿Cómo llegó hasta usted esta modalidad y cómo comenzó, qué le atrajo de ella?

Ángel Olgoso: Creo que siempre he estado abocado a la brevedad, por afición, por convicción y por cortesía hacia el lector. Yo escribía poesía desde 1973, pero tras la lectura de la “Antología de la literatura fantástica” -especialmente del célebre texto de Thomas Bailey Aldrich- el relato breve o brevísimo de carácter fantástico me pareció el cauce ideal para expresarme. Por una parte, estoy condenado a ideas cuya formulación es adecuada para un relato y no para una novela; por otra, esa condena es una felicidad porque me fascina el relato como miniatura, como mecanismo de precisión, como emboscada, me apasiona conseguir la expresividad máxima con el menor número de palabras. En aquella época no era consciente de estar escribiendo un género que aún no tenía nombre, ni de ser un modesto puente entre los escritores que escribieron textos brevísimos hasta los años setenta de forma maravillosa pero esporádica (Gómez de la Serna, Max Aub, A. F. Molina, Sastre, Calders, Suárez) y la legión que ha venido después.

Pregunta: Tiene una larga trayectoria literaria. Atesora numerosos premios. Hoy en día se le considera como uno de los autores de referencia del relato breve y fantástico. ¿Cómo ha sido su recorrido hasta el día de hoy?

Ángel Olgoso: El recorrido de un caracol invisible. Durante treinta años me he limitado a escribir con una pasión tranquila y solitaria, sin ninguna visión de futuro y sin ninguna suerte editorial hasta ahora, en que quizá pueda cerrar la carpeta de cartas de rechazo. La mayoría de los libros conseguí publicarlos gracias a premios literarios que luego tenían una inexistente distribución. Pero supongo que todo eso era irrelevante a la hora de intentar conseguir algún día un relato que se acercara siquiera a la perfección. En esa búsqueda incesante sigo, tras cuatrocientos intentos.

Pregunta: Acaba de publicar su último libro “La máquina de languidecer”, háblenos de él y del proceso de creación.

Ángel Olgoso: Aunque no soy fervoroso partidario de los libros con mimbres comunes, en éste, escrito entre 2002 y 2003, me propuse conscientemente, casi como un reto, realizar una serie de relatos brevísimos con un denominador común, el de la extrañeza que puede producir el cuerpo humano y la baba de melancolía que deja el paso del tiempo en él. Pero ese afán totalizador no es demasiado estricto y el libro se puede leer como un caleidoscopio, al mismo tiempo lúdico e inquietante, con gran variedad de formas (poéticas, paródicas, metaliterarias, simbólicas, terroríficas, cósmicas, paradójicas, desasosegantes) que intentan no perder nunca de vista la sustancia narrativa. Los relatos de este libro son, en definitiva, historias larvadas que buscan expandirse en la mente del lector.

Pregunta: Uno de los relatos que más inquietud me ha provocado ha sido “Perspectiva”. “Cientos de espadas de Damocles justo sobre el cuerpecito de su hijo”… ¿Vivir es soportar “cientos de espadas de Damocles"?...

Ángel Olgoso: Supongo que vivir es a la vez un don y una condena, y que hay determinadas ocasiones en que la concentración de espadas de Damocles sobre uno vuelve la vida más opresiva, peligrosa o terrible.

Pregunta: Combina la reflexión vital con las imágenes más inquietantes y misteriosas, como por ejemplo en el relato “Insomnio”…

Ángel Olgoso: Creo que los relatos, y el arte en general, deben hacer pensar en la medida de lo posible, hacer ver lo que no es obvio, lo que se oculta bajo la fina película de la realidad. Muchos de mis relatos, al ser visiones entre lo real y lo onírico y tener un contenido simbólico, se prestan a distintas interpretaciones, otros son estocadas directas o sacudidas emocionales que obligan a una segunda lectura, otros invitan a internarse en las misteriosas sombras de la realidad o a asumir la dolorosa conciencia del prójimo.

Pregunta: No sé si en “Juicio” nos pretende desvelar “algo” de la naturaleza humana…

Ángel Olgoso: Bueno, más que desvelar, yo diría que constatar de manera comprensiva, casi tierna, una de las muchas y lógicas debilidades que todos tenemos.

Pregunta: Algo que me resulta admirable de los relatos en general y quizá de estos en particular, es la capacidad para sugerir, para dejar al lector el trabajo de crear un final, una situación, “escribir” con ustedes esa historia, ese cuento…

Ángel Olgoso: Me gusta que el lector relea de nuevo el relato a la luz de un final sorpresivo, que ejercite su fantasía y complete los antecedentes y las consecuencias de lo narrado, que busque conexiones entre el texto y un título quizá no demasiado evidente. Creo que todo esto enriquece la lectura.

Pregunta: ¿Cuánto cuesta escribir un cuento, un relato de apenas cuatro líneas. Cuál es el proceso de elegir un tema, el modo de contarlo, las palabras a utilizar, la precisión?

Ángel Olgoso: Supongo que depende de cada relato y de cada autor. En mi caso cuesta bastante y no es casi nunca un proceso febril, ya que soy endemoniadamente lento y trabajo palabra a palabra, tesela a tesela, para lograr algo en lo que no sobra ni falta nada, para luchar por la excelencia de cada texto. Sin embargo, muchas veces el resultado final de un relato está también en manos de las circunstancias. En otro libro anterior, “Los demonios del lugar”, se encuentran mis dos extremos creativos: el primero de sus relatos, “Viaje”, de una página, lo trabajé mentalmente durante la duermevela de una noche hasta dar en poco tiempo con su forma definitiva; y “Los palafitos”, de quince páginas, me llevó cinco años acabarlo. Pero quizá Valente tuviera razón: no se trata de que la obra sea breve o larga, no importa escribir poco o mucho, importa tener la gracia o el don de la abundancia justa.

Pregunta: Tiene una extensa trayectoria, por lo que quizá no le ha costado demasiado encontrar un editor que se arriesgue a publicar sus libros, pero no hay demasiadas editoriales que se dediquen a ello ¿no es así?

Ángel Olgoso: Es verdad, es una trayectoria extensa, pero desde 1979 hasta 1999 no conseguí ver ningún libro mío en una librería, y la mayoría se publicaron a raíz de algún premio iterario. El relato sigue siendo un género menospreciado a pesar de que hablamos de la matriz misma de la literatura, del más idóneo para estos tiempos y a pesar de la efervescencia que ciertamente vive. Se pueden contar con los dedos de una mano las editoriales que se centran en él, y me consta que están colapsadas. Imagino que, además, la crisis económica estará acentuando esa censura comercial que impide publicar algo que no garantice de antemano su venta.

Pregunta: Antes de comenzar el libro, los relatos propiamente dichos, ha seleccionado una serie de frases ¿por qué ésas precisamente. Ésas que quizá hablan del ser humano como un ser desamparado e indefenso ante la “tempestad que es la vida”?

Ángel Olgoso: Las citas, como ha percibido muy bien Fernando Valls en el prólogo, condensan los temas del libro con una especie de gradación: la identidad, la conciencia del propio cuerpo, de qué estamos compuestos y qué somos, el dolor y la muerte.

Pregunta: ¿Hay lectores de relatos breves. Son más exigentes estos lectores, quizá?

Ángel Olgoso: Naturalmente, y no sólo son exigentes, son lectores especiales, activos, participativos, nada dóciles, con formación para apreciar todos los guiños o referencias al acervo cultural, sin miedo a cambiar de personajes, de escenarios, de perspectiva, de mundo, cada pocas páginas o incluso líneas. Me atrevería a decir que su amor por la palabra exacta, por las tramas concentradas, por la intensidad, por la variedad fecundadora, tiene algo de iniciático, de sagrado.

Pregunta: ¿Qué escritores lo han conducido en tu camino profesional. En qué escritores se ha mirado?

Ángel Olgoso: En docenas y docenas, desde Poe y Kafka hasta los fantásticos victorianos, desde Maupassant y Chéjov hasta los fantásticos hispanoamericanos, desde Schwob y Chandler hasta Pla y Vian. Siento debilidad por Buzzati, Arreola, Denevi, es imposible nombrarlos a todos.

Pregunta: ¿Cuáles son sus próximos proyectos. En qué nueva aventura literaria se halla inmerso?

Ángel Olgoso: Como no podía ser menos, estoy trabajando lentamente en otro libro de relatos. El próximo año Tropo Editores publicará “Los líquenes del suelo”, reedición de “Granada, año 2039 y otros relatos” pero tal y como lo concebí en su momento, una especie de antología o reunión de relatos que va de 1980 a 1995 (y sin el divertimento futurista, patafísico y multidisciplinar que encabezaba aquel libro). También me haría ilusión publicar algún día “Izumi”, una colección inédita de haikus que escribí en 1992, y “Bicéfalo”, un libro con textos de A. F. Molina (histórico de las vanguardias y pionero de los microrrelatos) y de un servidor.

Sofía Basalo.

1 comentario:

El Boletín dijo...

He tenido la suerte de hablar con él sobre su trabajo y me parece uno de esos autores exquisitos que uno tiene que leer por el placer de la propia lectura. Literatura.